En el camino, Emma y Nora mandaron un SMS a sus respectivos novios mientras Elena esperaba llegar para mandarle un Whatsapp, pues a ella le salía más caro. El coche paró y el taxista salió para ayudarlas a bajar las maletas, pagaron y se dirigieron al Cesar Palace.
-¡Joooder! -Exclamaron las tres boquiabiertas.
Entraron y se dirigieron a recepción, donde había un hombre bastante guapo. Cogieron las tarjetas de la habitación y subieron al último piso, donde estaban las mejores habitaciones. Elena se adelantó y puso voz de niña pequeña.
-¡Yo quiero abrir la puerta!
Emma puso los ojos en blanco y fue detrás con Nora. Elena puso la tarjeta en la ranura.
-Va, que voy...
-Abre la puerta de una vez. -Se impacientó Emma.
Nora se empezó a reír y Elena se giró mirándola con cara de enfado fingido.
-¿A que entro yo y te quedas aquí fuera?
-Pero que torrijas eres... Ahora en serio, vamos. -Insistió Nora.
Elena retiró la tarjeta y abrió la puerta. Entraron y dejaron las maletas a un lado. Las chicas se quedaron impresionadas con la suite y Emma se fue directa a ver el baño.
-Chicas... -Dijo desde allí.
Fueron a ver que pasaba y se quedaron mirando la estancia, era enorme. La bañera era muy grande y ancha, cabían tres personas por lo menos, al lado había una ducha, separada de la bañera. El plato de ducha era muy grande también y tenía ranuras para el agua por las cuatro paredes. El lavavo otro tanto, había dos, uno a cada lado de la encimera de mármol y en medio un gran armario para colocar las cosas. Debajo de él en un hueco, había velas de diferentes aromas.
-¡Guau! -Exclamó Elena.
-El váter es lo único normal -dijo Nora abriendo la tapa- podría ser automático o calentarse, o algo así.
-Si quiere es como los de los japoneses, que te limpian el culete. -Rió Emma.
-Igual me quedo a dormir aquí -Elena seguía fascinada- en la bañera.
-Vamos a ver lo demás. -Emma salió del baño.
Las chicas la siguieron. Había una sala de estar bastante grande con dos sofás y tres sillones colocados de manera que se viera la gran pantalla de plasma que había, en el centro había una mesa de café, en el estante debajo de esta había una gran variedad de botellas de alcohol, destacaban una de Beefeater, otra de Jack Daniel's y una de JB, las demás no las conocían. En un extremo de la sala había una chimenea.
-Creo que estamos en el cielo, comparado con nuestra casa, ¿nos quedamos a vivir aquí? -Elena se tiró en el sofá.
-Tu pagas. -Vaciló Emma.
-Yo me pido esa habitación. -Señaló Nora a una puerta.
-Venga, vamos a verlas. -Emma tiraba de Elena para que se levantara.
Entraron en la habitación que había señalado Nora. La cama se hallaba en el centro, era más grande que una cama de matrimonio y tenía un montón de almohadas. A cada lado de la cama dos mesitas de noche, que tenían dos lámparas cada una, que se encendían automáticamente al entrar, la diferencia era que una tenía un teléfono y la otra un par de vasos con una botella de agua de cristal. En frente de la cama había un armario empotrado y al lado una gran cómoda donde encima había una tele un poco más pequeña que la de la sala. A la derecha de la cama había una gran cristalera sin ventanas con vistas a la ciudad. Nora pegó un grito y saltó a la cama.
-¡Oye, yo no quiero volver a casa!
Emma y Elena se miraron y corrieron cada una a sus respectivas habitaciones donde se tiraron encima de la cama. Así se quedaron un buen rato gritando entre ellas de habitación a habitación. Se echaron la siestas para aguantar luego por la noche. Sobre las nueve bajaron a cenar, se pusieron hasta arriba de todo lo que había, terminaron y volvieron a subir a la habitación. Hicieron algo de tiempo eligiendo la ropa que se iban a poner. Eran las doce de la noche. Cuando estuvieron listas fueron a la sala y se llenaron tres vasos de chupito.
-Un brindis. -Emma alzó el vaso.
-Por una noche a tope. -Dijo Elena.
Las tres chocaron el vaso, y se lo bebieron. Se tomaron unos cuantos más y salieron del hotel.
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