viernes, 8 de noviembre de 2013

Capítulo 63.

Por la noche se encontraban todas en casa, cenando tranquilamente y salió el tema del baile del sábado.
-¡Mierda! -gritó Nora de repente- todavía no tengo vestido.
Emma se atragantó con el agua del susto que le metió.
-Joder maja. -Se dio palmaditas en el pecho.
Nora se rió.
-Lo siento. Pero como tarde más me voy a quedar sin nada que ponerme.
-Fíjate tú -se encogió de hombros- no pasa nada, vas en pijama y solucionado. -Se puso toda seria.
-Ponte uno de las Monster High que seguro que arrasas. -Añadió Elena.
Terminaron de cenar mientras seguían dándole a Nora "consejos" de todo lo que podría llevar al baile sin parar de reír. Llegó un punto en el que a ella ya no le hacía mucha gracia. Recogieron todo y se fueron pronto a la cama.

Al día siguiente, después de la universidad Nora fue a trabajar. Mientras Elena y Emma iban a casa, sonó el teléfono de esta.
-¿Danny? -Respondió algo confundida.
Se quedó mirando a Elena con los ojos muy abiertos y respondía muchos "vale" y "ajá".
-Puedo ir ahora si quieres. -Hizo una pausa- ¡Bien, nos vemos! -Colgó.
-¿Qué pasa? -Preguntó Elena ansiosa.
-¡Voy a aparecer en otro videoclip de McFly! -Se puso a bailar emocionada y la abrazó.
Elena le devolvió el abrazo.
-Pues por la cara que ponías parecía que se había muerto alguien.
-Era para darte intriga.

Nora tenía una tarde tranquila en el Starbucks y aprovechando que no había nadie para atender se preparó un café. Se apoyó sobre el mostrador mirando como se hacía embobada mientras esperaba.
-Perdona, ¿dónde están los caballos en venta? No los veo. -Escuchó a sus espaldas.
Reconoció la voz y se dio la vuelta emocionada.
-¡Papá! -Echó a correr hacia el otro lado para salir del mostrador e ir hacia él.
-¡Hola pequeña! -Abrió los brazos-
Nora llegó hasta él y le abrazó muy fuerte.
-¿Cómo has sabido dónde trabajo? -Dijo sin parar de abrazarle.
-Tu madre me lo dijo, de los días que vino aquí de visita.
-¿A qué venía lo de los caballos? -Se rió.
Puso una cara rara que no reconoció.
-No sé, lo primero que se me ha ocurrido. -Rió con ella.
-Ponte donde quieras y te sirvo algo, que aún me queda un ratito para salir.
-Si si, pero quiero mi caballo.
Nora volvió a reír y lo llevó de la mano hasta una mesa.
-Siéntate anda, ahora te traigo tu... -Se quedó pensando y se dio en la frente- !Aiva! ¡Ya me acuerdo! -Soltó una carcajada.
-Ya pensaba que no te ibas a acordar. -Sonrió Javier.
-Que cabeza la mía... Ahora te lo traigo. -Le dio un beso en la mejilla y se fue.
Recordó que de pequeña, le encantaba el capuccino y le dio por llamarle caballo. Y como no había día que no se bebiera uno, era su palabra favorita. Se llevó un chasco cuando le enseñaron lo que en realidad era un caballo.
-¿Cómo podía llamar así a un café? -Se rió.
Fue al mostrador mientras se daba cuenta que no podía parar de sonreír.

Las chicas llegaron al estudio, se perdieron dos veces porque Emma no recordaba dónde era. Cuando llegaron al sitio correcto, buscaron a Danny. Estaba ensayando con el grupo.
-¡Hola! -Gritó Emma para llamar su atención.
Danny se fijó en ellas y se acercó.
-Hombre, ya era hora. ¿Dónde estabais?
-A nuestro ritmo, ya sabes. Y nos habíamos perdido. -Respondió Elena.
-Bueno, tú quédate por aquí -Danny señaló a esta- y tú -señaló a Emma- vete a que te maquillen y todo.
-Solo si tienen una silla con mi nombre detrás. -Se cruzó de brazos.
Danny rió.
-Pero que torrijona eres. -Le dijo Elena.
-Venga, me voy a que me dejen fabulosa.
-Pásalo bien maja. -Elena le hizo un gesto de adiós como si tuviera un pañuelo.

Nora terminó de trabajar y fue con su padre a comprarse el vestido de la fiesta. Como los dos se ponían al día y no paraban de hablar, no se entraban mucho de lo que miraban.
-Voy a probarme estos dos. -Dijo ella al cabo de un rato.
Fue al probador y Javier se quedó fuera esperando, pasó bastante rato y se impacientó.
-¿El espejo tiene una entrada a Narnia o algo?
Se oyó la risa de Nora.
-Es que... Me veo rara.
-Sal anda, que aquí no hay nadie.
Nora abrió un poco el probador y asomó la cabeza para comprobar que no había nadie. Su padre puso los ojos en blanco y la cogió del brazo para sacarla del probador. Se quedó mirándola y la hizo dar una vuelta sobre sí misma.
-Que se ve rara dice... Pues estás preciosa. -Sonrió.
-¿En serio? -devolvió la sonrisa- Gracias papá.
Se echó un último vistazo al espejo más convencida.
-Pues me llevo este. -Entró a cambiarse.
Después se dirigieron a la caja y Nora vio como él sacaba su cartera.
-¿Qué haces?
-Pagar el vestido. -Sacó una tarjeta y la alzó.
-No, no. Lo pago yo.
-Que no. Hace tiempo que no te veo y quiero hacerte un regalo.
Estuvieron así un buen rato hasta que la encargada carraspeó para atenderles y que se decidieran de una vez. Nora resopló y acabó cediendo.

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